INSTRUCCIONES PARA PARTICIPAR EN ESTE BLOG
Cada semana leeremos un cuento o un poema de algún autor hispano.
Te invito a participar de la siguiente manera:
1. Escoge un cuento, poema, o ensayo de la lista de autores que aparece en la columna del lado derecho del blog. Para encontrar un ejemplo, haz clic aquí.
2. Después de leer el material elegido, crea una historia usando las ocho palabras que el grupo ¡ Y qué me cuentas! escogió en clase, o escoge otras ocho palabras de la lectura que quieras practicar. Para encontrar un ejemplo, haz clic aquí.
3. Sube tu historia usando el enlace de comentarios ("comments"). Lo encontrarás al final de cada lectura.
No temas cometer errores en tu historia. Yo estoy aquí para ayudarte. Tan pronto subas tu historia, yo te mandaré mis comentarios.
¿Estás listo? ¡ Adelante!

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Este video muestra el momento en el que los estudiantes de ¡Y qué me cuentas! crean una historia usando ocho palabras extraídas de un cuento previamente leído en clase.

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Recomendación al Gobierno de México por parte del Consejo Consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (CCIME) durante su XVII reunión ordinaria.

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Thursday, April 19, 2012

Ejercicio de lectura y escritura de "Un día de estos" de Gabriel García Márquez

Haga clic en el enlace para leer el cuento relacionado con este ejercicio: ""Un día de estos" de Gabriel García Márquez"

Hola, Ramón,
Gracias por subir el cuento “Un día de estos” al blog.
Aquí están las ocho palabras que escogimos y el cuento que escribimos:
1. Destemplada
2. Aferrarse
3. Gaveta
4. Dirigirse a
5. Soltar
6. Cambiar
7. Estirar
8. Muñeca

La historia escrita con estas palabras es la que sigue:

"Yo estaba subiendo la montaña muy alta aferrándome a las rocas cuando una de ellas deslizó (1) y me hirió la muñeca derecha. Me sentí destemplado (2) porque había dejado mi crema antiséptica en una gaveta. Me esteré (3) el brazo porque me dolía la muñeca. Sabía que necesitaría cambiar mis planes. Tenía que dirigirme hacia el fondo de la montaña. Al llegar a mi destinación (4) solté un suspiro profundo de alivio."¡Gracias otra vez!

Keatha.
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¡Saludos a todos!
Gracias por mandarme su ejercicio. Como verán ya incluí números en las partes de su ejercicio donde encontré algunos errores. Vamos a platicar de ellos:

(1) "deslizó" - Debe ser usado como verbo reflexivo: "se deslizó".
(2) "destemplado". En este caso el calificativo "destemplado" no es precisamente el correcto. "Destemplado" quiere decir que "le falta fortaleza o valentía para afrontar una dificultad". La falta de la crema antiséptica no hace sentir a una persona falto de fortaleza o valentía. Más bien se pudo haber sentido preocupado, enojado, adolorido, pero definitivamente no destemplado.
(3) "Me esteré"- Creo que quisieron decir "estiré", sin el pronombre "me".
(4) "destinación"- La palabra correcta es "destino".

Ahora háganme llegar sus historias individuales.
Saludos y ¡sigan participando!
Ramón Talavera

Para agrandar el crucigrama con las ocho palabras creadas a raíz de la lectura, haga clic aquí
                                             

Tuesday, April 17, 2012

"Un día de estos" de Gabriel García Márquez

Para leer el ejercicio relacionado con este cuento, haga clic aquí.
Un día de estos
Grabriel García Márquez

El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos.
Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza. Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.
Después de la ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de su hijo de once años lo sacó de su abstracción.
-- Papá.
-- Qué
-- Dice el alcalde que si le sacas una muela.
-- Dile que no estoy aquí.
Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de espera volvió a gritar su hijo.
-- Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:
-- Mejor.
Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y empezó a pulir el oro.
-- Papá.
-- Qué.
Aún no había cambiado de expresión.
-- Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro.
Sin apresurarse, con un movimiento extremadamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió por completo la gaveta inferior de la mesa. Allí estaba el revólver.
-- Bueno --dijo--. Dile que venga a pegármelo.
Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo suavemente:
-- Siéntese.
-- Buenos días --dijo el alcalde.
-- Buenos --dijo el dentista.
Mientras hervían los instrumentos, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor glacial. Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal, y una vidriera con pomos de loza. Frente a la silla, una ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde afirmó los talones y abrió la boca.
Don Aurelio Escovar le movió la cabeza hacia la luz. Después de obsevar la muela dañada, ajustó la mandíbula con una presión cautelosa de los dedos.
-- Tiene que ser sin anestesia --dijo.
-- ¿Por qué?
-- Porque tiene un absceso.
El alcalde lo miró en los ojos.
-- Esta bien --dijo, y trató de sonreír. El dentista no le correspondió. Llevó a la mesa de trabajo la cacerola con los instrumentos hervidos y los sacó del agua con unas pinzas frías, todavía sin apresurarse. Después rodó la escupidera con la punta del zapato y fue a lavarse las manos en el aguamanil. Hizo todo sin mirar al alcalde. Pero el alcalde no lo perdió de vista.
Era una cordal inferior. El dentista abrió las piernas y apretó la muela con el gatillo caliente. El alcalde se aferró a las barras de la silla, descargó toda su fuerza en los pies y sintió un vacío helado en los riñones, pero no soltó un suspiro. El dentista sólo movió la muñeca. Sin rencor, mas bien con una amarga ternura, dijo:
-- Aquí nos paga veinte muertos, teniente.
El alcalde sintió un crujido de huesos en la mandíbula y sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero no suspiró hasta que no sintió salir la muela. Entonces la vio a través de las lágrimas. Le pareció tan extraña a su dolor, que no pudo entender la tortura de sus cinco noches anteriores. Inclinado sobre la escupidera, sudoroso, jadeante, se desabotonó la guerrera y buscó a tientas el pañuelo en el bolsillo del pantalón. El dentista le dio un trapo limpio.
-- Séquese las lágrimas --dijo.
El alcalde lo hizo. Estaba temblando. Mientras el dentista se lavaba las manos, vio el cielorraso desfondado y una telaraña polvorienta con huevos de araña e insectos muertos. El dentista regresó secándose. "Acuéstese --dijo-- y haga buches de agua de sal." El alcalde se puso de pie, se despidió con un displicente saludo militar, y se dirigió a la puerta estirando las piernas, sin abotonarse la guerrera.
-- Me pasa la cuenta -dijo.
-- ¿A usted o al municipio?
El alcalde no lo miró. Cerró la puerta, y dijo, a través de la red metálica:
-- Es la misma vaina.

Para agrandar la autoevaluación y poder responderla, haga clic aquí.
                                             

Friday, April 13, 2012

Ejericicio de lectura y escritura del cuento "Los merengues" de Julio Ramón Ribeyro

Para leer el cuento y la autoevaluación relacionados con este ejercicio, haga clic aquí.
Para leer otros ejercicios relacionados en este cuento, haga clic aquí.

¡Hola, Ramón!

Aquí están las ocho palabras que escogimos de “Los merengues” de Julio Ramón Ribeyro:

1. Mostrador
2. Vidriera
3. Desmantelar
4. Súbitamente
5. Despejar
6. Dependiente
7. Colmillos
8. Percatarse

Sigue el cuento que escribimos:

"Yo estaba desmantelando el mostrador y la vidriera de la tienda cuando súbitamente el dependiente se percató de mí. Se me acercó enojado, mostrando los colmillos.

–¡Párate!– dijo.

–Yo sólo estaba despejando el mostrador para ayudarle– yo balbuceé."


Keatha.
********************************************************************************
¡Saludos a todos!

Muchas gracias por mandarme las ocho palabras que escogieron del cuento "Los merengues". Ahora yo los invito a que se diviertan y las encuentren en el crucigrama que creé. De igual forma los felicito por la historia que me mandaron. No hay ningún error... ¡¡¡FELICIDADES!!!

Ramón.

Para agrandar la imagen y poder resolver el crucigrama, haga clic aquí.
                                             

Tuesday, April 10, 2012

Ejercicios relacionados con el cuento "Los merengues" de Julio Ramón Ribeyro

Para leer el cuento relacionado con estos ejercicios, haga clic aquí.
Para leer el ejercicio de lectura y escritura haga clic aquí.

Te invito a que te diviertas con los ejercicios creados para el cuento "Los merengues" de Julio Ramón Ribeyro. Haz clic en cada uno de los títulos y disfruta aprendiendo. Recuerda que no basta con conocer un idioma, sino que hay que mejorarlo día con día.
¡Diviértete!

1. Adivina la palabra

2. Ordena las palabras

3. ¿Pretérito perfecto o imperfecto?



"Los merengues" de Julio Ramón Ribeyro

Para leer el ejercicio de lectura y escritura relacionado con este cuento, haga clic aquí.
Para leer otros ejercicios relacionados con este cuento, haga clic aquí.
Los merengues
Julio Ramón Ribeyro

Apenas su mamá cerró la puerta, Perico saltó del colchón y escuchó, con el oído pegado a la madera, los pasos que se iban alejando por el largo corredor. Cuando se hubieron definitivamente perdido, se abalanzó hacia la cocina de kerosene y hurgó en una de las hornillas malogradas. ¡Allí estaba! Extrayendo la bolsita de cuero, contó una por una las monedas -había aprendido a contar jugando a las bolitas- y constató, asombrado, que había cuarenta soles. Se echó veinte al bolsillo y guardó el resto en su lugar. No en vano, por la noche, había simulado dormir para espiar a su mamá. Ahora tenía lo suficiente para realizar su hermoso proyecto. Después no faltaría una excusa. En esos callejones de Santa Cruz, las puertas siempre están entreabiertas y los vecinos tienen caras de sospechosos. Ajustándose los zapatos, salió desalado hacia la calle.

En el camino fue pensando si invertiría todo su capital o sólo parte de él. Y el recuerdo de los merengues –blancos, puros, vaporosos- lo decidieron por el gasto total. ¿Cuánto tiempo hacía que los observaba por la vidriera hasta sentir una salvación amarga en la garganta? Hacía ya varios meses que concurría a la pastelería de la esquina y sólo se contentaba con mirar. El dependiente ya lo conocía y siempre que lo veía entrar, lo consentía un momento para darle luego un coscorrón y decirle:

-¡Quita de acá, muchacho, que molestas a los clientes!

Y los clientes, que eran hombres gordos con tirantes o mujeres viejas con bolsas, lo aplastaban, lo pisaban y desmantelaban bulliciosamente la tienda.

Él recordaba, sin embargo, algunas escenas amables. Un señor, al percatarse un día de la ansiedad de su mirada, le preguntó su nombre, su edad, si estaba en el colegio, si tenía papá y por último le obsequió una rosquita. Él hubiera preferido un merengue pero intuía que en los favores estaba prohibido elegir. También, un día, la hija del pastelero le regaló un pan de yema que estaba un poco duro.

-¡Empara!- dijo, aventándolo por encima del mostrador. Él tuvo que hacer un gran esfuerzo a pesar de lo cual cayó el pan al suelo y, al recogerlo, se acordó súbitamente de su perrito, a quien él tiraba carnes masticadas divirtiéndose cuando de un salto las emparaba en sus colmillos.

Pero no era el pan de yema ni los alfajores ni los piononos lo que le atraía: él sólo amaba los merengues. A pesar de no haberlos probado nunca, conservaba viva la imagen de varios chicos que se los llevaban a la boca, como si fueran copos de nieve, ensuciándose los corbatines. Desde aquel día, los merengues constituían su obsesión.

Cuando llegó a la pastelería, había muchos clientes ocupando todo el mostrador. Esperó que se despejara un poco el escenario pero no pudiendo resistir más, comenzó a empujar. Ahora no sentía vergüenza alguna y el dinero que empuñaba lo revestía de cierta autoridad y le daba derecho a codearse con los hombres de tirantes. Después de mucho esfuerzo, su cabeza apareció en primer plano, ante el asombro del dependiente.

¿Ya estás aquí? ¡Vamos saliendo de la tienda!

Perico, lejos de obedecer, se irguió y con una expresión de triunfo reclamó: ¡veinte soles de merengues! Su voz estridente dominó en el bullicio de la pastelería y se hizo un silencio curioso. Algunos lo miraban, intrigados, pues era hasta cierto punto sorprendente ver a un rapaz de esa cabaña comprar tan empalagosa golosina en tamaña proporción. El dependiente no le hizo caso y pronto el barullo se reinició. Perico quedó algo desconcertado, pero estimulado por un sentimiento de poder repitió, en tono imperativo:

-¡Veinte soles de merengues!

El dependiente lo observó esta vez con cierta perplejidad pero continuó despachando a los otro parroquianos.

-¿No ha oído? – insistió Perico excitándose- ¡Quiero veinte soles de merengues!

El empleado se acercó esta vez y lo tiró de la oreja.

-¿Estás bromeando, palomilla?

Perico se agazapó.

-¡A ver, enséñame la plata!

Sin poder disimular su orgullo, echó sobre el mostrador el puñado de monedas. El dependiente contó el dinero.

-¿Y quieres que te dé todo esto en merengues?

-Sí –replicó Perico con una convicción que despertó la risa de algunos circunstantes.

-Buen empacho te vas a dar –comentó alguien.

Perico se volvió. Al notar que era observado con cierta benevolencia un poco lastimosa, se sintió abochornado. Como el pastelero lo olvidaba, repitió:

-Deme los merengues- pero esta vez su voz había perdido vitalidad y Perico comprendió que, por razones que no alcanzaba a explicarse, estaba pidiendo casi un favor.

-¿Va a salir o no? – lo increpó el dependiente

-Despácheme antes.

-¿Quién te ha encargado que compres esto?

-Mi mamá.

-Debes haber oído mal. ¿Veinte soles? Anda a preguntarle de nuevo o que te lo escriba en un papelito.

Perico quedó un momento pensativo. Extendió la mano hacia el dinero y lo fue retirando lentamente. Pero al ver los merengues a través de la vidriería, renació su deseo, y ya no exigió sino que rogó con una voz quejumbrosa:

-¡Deme, pues, veinte soles de merengues!

Al ver que el dependiente se acercaba airado, pronto a expulsarlo, repitió conmovedoramente:

-¡Aunque sea diez soles, nada más!

El empleado, entonces, se inclinó por encima del mostrador y le dio el cocacho acostumbrado pero a Perico le pareció que esta vez llevaba una fuerza definitiva.

-¡Quita de acá! ¿Estás loco? ¡Anda a hacer bromas a otro lugar!

Perico salió furioso de la pastelería. Con el dinero apretado entre los dedos y los ojos húmedos, vagabundeó por los alrededores.

Pronto llegó a los barrancos. Sentándose en lo alto del acantilado, contempló la playa. Le pareció en ese momento difícil restituir el dinero sin ser descubierto y maquinalmente fue arrojando las monedas una a una, haciéndolas tintinear sobre las piedras. Al hacerlo, iba pensando que esas monedas nada valían en sus manos, y en ese día cercano en que, grande ya y terrible, cortaría la cabeza de todos esos hombres, de todos los mucamos de las pastelerías y hasta de los pelícanos que graznaban indiferentes a su alrededor.

Autoevaluación:
Para agrandar la imagen y poder responder la autoevaluación, haga clic aquí.


                                             

Friday, April 6, 2012

Ejercicios relacionados con el cuento "El grisú" de Baldomero Lillo

Para leer el cuento el grisú, haga clic aquí.
Para leer el ejerciicio de lectura y escritura del cuento "el grisú", haga clic aquí

Los invito a que jueguen con las palabras encontradas en el cuento "El grisú" y respondan los siguientes ejercicios. Hagan clic en el título para que puedan responderlos.
¡Diviértanse!

Concurso de cuento para estudiantes de español como lengua extranjera (ELE)

Saludos a todos!
Acabo de leer que se convoca a un concurso de cuento en España para estudiantes de español como lengua extranjera (ELE). Los estudiantes de Y qué me cuentas! son estudiantes ELE y por ello, los invito a que se animen y escriban un cuento para mandarlo al concurso. Si se animan a participar, me lo pueden enviar para que yo les ayude a corregirlo y de esta manera puedan enviarlo al concurso.
Sería muy bueno que se animaran.
Las bases las encuentran en el siguiente link: http://dele-it-es.blogspot.fr/2012/03/iii-concurso-internacional-de-relatos.html
Saludos

Ramón Talavera

Thursday, April 5, 2012

Ejercicio de Lectura y Escritura del cuento "El grisú" de Baldomero Lillo

Para leer el cuento relacionado con este ejercicio, haga clic aquí.
Para leer otros ejercicios relacionados con el cuento "El grisú" haga clic aquí.
Hola, Ramón,

Gracias por subir el cuento “El grisú” al blog. Leímos la mitad en la clase y escogimos estas 8 palabras:

1. El ingeniero
2. El barretero
3. El obrero
4. Encararse
5. Oídos
6. Orgullo
7. Cabida
8. La linterna


Aquí está el cuento escrito en forma grupal:

"Una vez un ingeniero se encaró con uno de sus obreros. – ¡Barretero! – le dijo. –¿No me oyes? Pedí la linterna. Tienes mucho orgullo, ¿no? No puedo ver porque no hay cabida en tus oídos para escuchar mis órdenes.

¡Estás despedido! ¡Véte de patitas! – "



Keatha


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Hola a todos!
Perdón por no haber subido al blog las ocho palabras y su cuento pero he estado trabajando en la creación del syllabus del curso y eso me absorbió todo mi tiempo durante muchos días.


Solo dos comentarios:
Ustedes utilizan "porque"( conjunción de causa) pero debe ser utilizada como pregunta: "por qué".
La palabra vete no lleva a tilde.
Gracias, sigan participando y jueguen con el crucigrama tratando de encontrar las ocho palabras que ustedes eligieron, haciendo clic aquí para agrandar la imagen.
Saludos.
Ramón.